El otro día, paseándome por Barcelona con unos amigos, nos detuvo la curiosidad, al ver un grupo de personas que estaba esperando un espectáculo de artistas callejeros. Eran unos bboys, unos chicos que bailan break dance mezclado con un toque de hip hop y rap. Nos mostraron una fuerza, energía y pasión que nos cautivaron a los allí presentes. Tuvieron el poder de hacernos sonreír, aplaudir, sentir y sobre todo estar presentes…
¡Qué contraste con el bullicio mercantilista del Portal del Ángel! Nos hemos acostumbrado a vivir de prisa, buscando el placer inmediato, sin pararnos a pensar en lo que de verdad nos mueve, sin tener tiempo a definir prioridades.
Algunos dicen que vivimos en una sociedad hedonista, aunque seguramente que el hedonismo en la antigua Grecia significaba estar recostado, durante horas, saboreando un buen vino, ese antiguo rito social que intensifica el pensamiento, la tertulia, la diversión y el deseo… El hedonista de hoy no tiene tiempo para eso. Anda muy apurado, y hasta cuando se para a tomar un escueto café con los amigos, el móvil sigue siendo el centro de atención. Parece que andamos vagando por esta vida moderna que requiere tanto de nosotros, sin llegar a ser parte esencial de ella. La única solución es hacer varias cosas a la vez con la sensación constante de “falta de tiempo”. Como decía John Lennon “La vida es lo que sucede mientras hacemos otros planes”… Si, la vida pasa mientras nosotros estamos en el pasado o el futuro.
Por eso es tan fascinante cuando alguien o algo llega a retener toda nuestra atención y logra reconectarnos con nuestra esencia; ese momento tan libre que nos permite estar concentrados, presentes, con todos los sentidos. Ese poder de atracción sucede cuando las personas dan forma a sus inspiraciones y a sus sueños, extrayendo el máximo potencial interno con la magia del optimismo, “motivación, pasión, disciplina, compromiso, práctica, enfoque y mucho trabajo… Paso a paso… Año tras año” Nan S. Russell.
Estos bboys, que son capaces de extraer toda la expresividad del cuerpo, me recuerdan al viticultor que es capaz de exprimir la esencia pura de la tierra llevándonos al mundo de los sueños, la fantasía, ilusión, sensualidad, pasión….Apolo, uno de los dioses olímpicos representaba la luz, la música, la danza. Dionisios representaba el vino, el éxtasis, la fecundidad. Ambos representaban el sentido de la vida, por eso seguramente nos relajamos y deleitamos en presencia de ellos. ¡Brindemos por esos dioses griegos! Por la danza, por el vino, por el alma…
Mila
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